Relaciones Sociales en época de crisis
Relaciones Sociales en Época de Crisis
Cuando era pequeño, entre los años 80 y 90, el contexto social que vivía Chile se debatía entre aquellos que estaban en contra de un Gobierno Militar, mientras que otros empujaban un proceso de renovación de Gobierno. Si bien esta situación podría ser ajena a un niño de ocho años de edad que veía en el juego y su escuela su afán diario se podía ver la tensión al interior de las familias en los espacios de encuentro. Al momento de jugar no existía diferencia alguna entre los pares. Todos detrás de una pelota o haciendo algún invento en el patio de alguna casa o simplemente sentados en una vereda conversando sobre temas de colegio o de fantasías de niños.
Todos en el hogar centrados en sus rutinas diarias. Mientras caminaba con un amigo por un parque aledaño a mi casa, vimos varios papeles botados en el piso. Con la curiosidad típica de niños, cada uno recogió uno de ellos y lo leyó. El papel estaba impreso y tenía consignas alusivas a la política de entonces. Mi amigo refirió "¡es un panfleto!". Sin tener conciencia de lo que eso significaba, lo guardé en el bolsillo y me lo llevé a casa. En momentos de tomar el té junto a mi familia, conté a mis padres lo que había encontrado, lo saqué del bolsillo y lo puse sobre la mesa. Inmediatamente advertí el rostro de preocupación de los adultos regañándome por haber traido esas cosas a la casa. Para mi era solo un papel que ya en ese momento había aprendido que era un "panfleto", y claro está que no debía recogerlos del piso.
Luego de ese momento seguimos tomando el té, pero algo había cambiado. Ahora el tema de conversación era el miedo a los atentados, los cortes de luz, opiniones crispadas y para un niño de esas edad, Tensión. Había debate y los ánimos se veían exacerbados. Un tío guardó el panfleto diciendo que lo llevaría en la noche a casa de un amigo. Desconozco lo que pasó después.
Hoy en día no se ven panfletos en la calle. Ya no se ven papeles ni flyers con alusiones políticas. Y claro, por tiempo pensé que eso ya había pasado y que solo quedó como un mal recuerdo. Pero en la época digital esos panfletos no los encontramos en el suelo, sino que en nuestras Redes Sociales. Cada uno de ellos es viralizado rápidamente y se instala en el corazón de las personas generando inmediatamente una actitud hostil que va en aumento hasta culminar en conductas ofensivas y agresivas.
Claro está que a mis años, la ingenuidad de los 10 años no es la misma. Siendo un individuo de la sociedad chilena e inmerso en el entorno digital que es aquella mesa en la que se daban los debates de antaño, no puedo abstraerme de lo que sucede en nuestra sociedad y en el mundo. Hoy en día cada uno tiene una opinión y, desde luego, válida. Tanto la Psicología, la filosofía y otras ciencias sociales me permiten comprender los fenómenos sociales, conocer y anticipar el impacto sobre las personas y sus familias. Es claro que hoy, la gran mesa digital se ve llena de panfletos que cada uno trae desde distintos lugares. Quizás ya no se ve quien lo porta y quien lo lleva o hasta donde lo hace llegar, puesto que detrás de una pantalla no hay identidad como cuando se hace de manera presencial. Como no existe la responsabilidad de la presencia, aumenta la irresponsabilidad de la ausencia. Se exacerva la rabia y se desplaza la tensión, por lo que manifestaciones de agresividad, descalificación y hasta la anulación de un otro opinante.
¿Pero qué hay detrás de ese odio? ¿Qué hay detrás de esa animadversión de las personas que pretenden imponer una verdad única?
Esto me recuerda un pasaje de la obra del gran filósofo alemán Friedrich Nietzche, en su obra "Así habló Zaratustra". En el pasaje "de la Canalla", Nietzche realiza una crítica hacia la mentalidad gregaria y el culto a la mediocridad, Critica directamente a la cultura y su efecto nivelador hacia el individuo excepcional. Refiere que "la vida es un manantial de alegría, pero donde bebe la canalla todos los pozos son envenenados". Zaratustra describe la psicología de la chusma. No saben crear solo imitar. No saben venerar solo envidiar. Su placer máximo es ver caer a los grandes. Su moral es la igualdad en la pequeñéz. Así entonces, el mecanismo de la mentalidad gregaria es, por tanto, "se multiplican como ratas en las sombras. Donde uno dice "yo", 100 gritan nosotros". Su fuerza está en el número. Su arma en rebajar todo aquello que se eleva. Son el peso inerte de la historia. La arena que traga las pisadas de los que marchan hacia adelante. Su victoria sería la noche eterna del espíritu.
Para Nietzche, la canalla zaratustriana representa el principio antivital por excelencia. El miedo a lo diferente, el resentimiento contra lo excelente, la aversión contra todo lo que trasciende; en definitiva, la mediocridad en general.
En épocas de crisis en donde emerge el miedo desde las más profundas entrañas, aparece a su vez lo peor del ser humano. La envidia, la soberbia, la ira, el resentimiento y por ende el sentido de la destrucción. Aquello que Freud denominara Thanatos; es decir la pulsión de muerte.
En nuestra sociedad nunca podremos evitar la canalla, más si podemos tener presente que donde termina el rebaño comienza el camino del que crea.
Quizás hoy en día no podamos abstraernos de esta gran mesa digital a la que todos nos sentamos durante gran parte del día, pero si podemos evitar llevar a nuestra mesa estos panfletos que alguien bota en la calle. Y de llevarlos, no reproducirlos sino que utilizar la reflexión que nos permita no simplemente reproducir el discurso de otro convirtiéndonos en uno más del rebaño, sino que creando, dando y gobernando...